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jueves, 12 de noviembre de 2020

Radioterapia en el tratamiento del tumor cerebral

La radioterapia es, después de la cirugía, el tratamiento más importante de los tumores cerebrales. Dependiendo del tamaño y localización podremos emplearla como tratamiento radical o como adyuvancia (tras cirugía).

 Pese a que existe distintos tipos de tratamientos para los tumores cerebrales, los avances tecnológicos en el tratamiento de las metástasis cerebrales y tumores en el cerebro están sirviendo a los especialistas de mayor eficacia a la hora de luchar contra algunos de estos tipos de cáncer, además de que el paciente puede beneficiarse de una mejor salud y bienestar durante el tratamiento y después del mismo.

Información sobre la radioterapia en el cerebro

En la radioterapia cerebral se utilizan rayos de alta energía para tratar el cáncer. Su función consiste en dañar las células cancerosas y dificultarles la reproducción. Luego, su cuerpo puede, de manera natural, deshacerse de estas células cancerosas dañadas. La radioterapia también afecta las células normales. Sin embargo, sus células normales pueden repararse por sí mismas de una manera que las células cancerosas no pueden.

La radiación puede administrarse para tratar tumores primarios en el cerebro o tumores que se han propagado al cerebro desde otra parte del cuerpo (se ha producido metástasis).

La radioterapia puede aplicarse mediante distintas técnicas; cada una de ellas puede tener diferentes indicaciones según la extensión de la irradiación y el tipo tumoral. La dosis que se necesita alcanzar para el control de la enfermedad depende de la naturaleza del tumor y de la localización.


La radioterapia tiene un papel fundamental también en aquellos pacientes con metástasis cerebrales, con gliomas de alto grado y con tumores irresecables. En los tumores de bajo grado puede ser conveniente esperar a una evolución más tardía para administrarla. La indicación de la misma se decidirá por parte del oncólogo radioterapeuta en el seno de un comité multidisciplinar.

Existen diversas modalidades de administración de radioterapia aunque nos centraremos en un método super avanzado, de altísima precisión que administra dosis de radiación localizadas y con mucha exactitud sobre un tumor maligno o un área específica del tumor durante sesiones que duran pocos minutos. Se trata de radioterapias de intensidad modulada (o IMRT, que son sus siglas que sintetizan su nombre anglosajón). Gracias a este sistema, podemos evitar que las células sanas sufran grandes daños. Esto es crucial, sobre todo cuando hablamos de pacientes con tumores cerebrales. 

Estas terapias tienen la ventaja de que disminuyen los efectos secundarios que hasta ahora existían con otros tratamientos, en especial aquellos más graves. La dosis de radiación puede tener efectos secundarios.

Posibles efectos secundarios de la radioterapia para tratar tumores cerebrales

La radiación utilizada para destruir las células cancerosas también puede dañar las células normales en el área que se irradia. Los efectos secundarios de la radioterapia pueden variar, dependiendo del área del cuerpo que se esté tratando. Los efectos secundarios son causados por el efecto acumulativo de la radiación en las células.

Aunque los efectos secundarios pueden ser desagradables, existen tratamientos para ayudar a controlarlos. La mayoría de los efectos secundarios son temporales y desaparecen poco a poco después de que se completa la terapia.

Efectos secundarios graves (a corto plazo):

La siguiente lista incluye algunos de los efectos secundarios más comunes de la radioterapia para los tumores cerebrales. Recuerde que el tratamiento puede afectar a cada paciente de manera diferente.

Fatiga: esta sensación de cansancio es muy común con el tratamiento de radiación y tiende a comenzar unas pocas semanas después de la terapia. Generalmente, desaparece lentamente durante las semanas y meses posteriores al tratamiento.

Se puede presentar caída de cabello en el lugar donde usted recibió la radiación. Por lo general, el cabello comienza a crecer aproximadamente un mes después del tratamiento. Sin embargo, es posible que no vuelva a crecer exactamente como antes del tratamiento y, en algunos casos, se vuelve permanente.

Audición amortiguada: la audición puede amortiguarse durante el tratamiento. Esto normalmente desaparece en 2 o 4 semanas después de terminar el tratamiento.

Irritación de la piel: la piel en el área de tratamiento puede enrojecerse, irritarse, secarse o volverse sensible. Esto puede progresar hasta parecerse a una quemadura solar. Trate la piel suavemente para evitar que se produzca más irritación y báñese con cuidado, usando sólo agua tibia y jabón suave. Evite las lociones o los jabones aromatizados o perfumados, ya que pueden causar más irritación. Evite la exposición al sol; puede empeorar la irritación.

Se pueden presentar algunos episodios de pérdida de la memoria a corto plazo y dificultad para pensar si a la persona se le administra radioterapia de todo el cerebro.

Efectos secundarios a largo plazo:

Los efectos secundarios analizados hasta ahora tienden a ocurrir durante el tratamiento hasta unos pocos meses después. Los efectos a largo plazo pueden presentarse de meses a muchos años después del tratamiento del cáncer y los riesgos varían dependiendo de las áreas abarcadas en el campo de la radiación y las técnicas de radiación que se utilizaron, ya que éstas continúan desarrollándose y mejorando.

Aunque el riesgo es bajo, debe estar al tanto de estos posibles efectos a largo plazo:

Existe un bajo riesgo de desarrollar un segundo cáncer dentro o cerca del campo de radiación. Estos se denominan cánceres secundarios y se desarrollan como resultado de la exposición de los tejidos sanos a la radiación. Las técnicas modernas de radiación están diseñadas para limitar esta exposición, pero no siempre es posible prevenir toda la exposición y aun así lograr los resultados deseados.

Necrosis por radiación: en raras ocasiones, se forma una masa de tejido muerto (necrótico) en el sitio del tumor. Si esto ocurre, generalmente se desarrolla meses o años después de que se administra la radiación. Ocasionalmente, se puede necesitar llevar a cabo una cirugía para extirpar el tejido necrótico.

Daño al tejido cerebral sano: aunque no es común, este efecto secundario puede causar dolores de cabeza, convulsiones o incluso la muerte.


La radioterapia se hace con la finalidad de retardar el crecimiento del tumor o ayudar a controlarlo. En algunos casos, puede destruir por completo un tumor. Usa partículas o rayos radiactivos que no causan dolor para destruir las células del tumor. La radioterapia puede usarse sola. O puede combinarse con otros tipos de tratamiento. Por ejemplo, es posible que también deba realizarse cirugía o quimioterapia.







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