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sábado, 10 de marzo de 2018

La dieta contra el cáncer

Ya resulta evidente la coincidencia entre los alimentos a los que múltiples estudios científicos citan por su potencial protección frente a las enfermedades cardiovasculares -el infarto entre ellas-, los que ayudan a conservar la función cognitiva y la memoria -freno a la demencia de alzhéimer- y aquellos que las principales entidades vinculadas en la lucha contra el cáncer sugieren como vía para evitar o reducir el riesgo de desarrollar algunos tumores malignos. Les une su capacidad para frenar la oxidación celular inevitable en los seres vivos que respiran oxígeno -son antioxidantes-, el bajo contenido en grasa animal y la protección que su condición fibrosa ejerce en todos los órganos relacionados con la deglución y la digestión. El estrés oxidativo -la dificultad del cuerpo para eliminar las toxinas del ambiente, de los alimentos o de los fármacos- influye de forma decisiva en la aparición de algunas demencias, indicó un reciente estudio publicado en la revista científica 'Journal of the American Medical Association' (JAMA). El beneficio de la dieta antioxidante frente al cáncer es admitido por oncólogos y nutricionistas.

Un tercer detalle que vincula la prevención de esos tres grupos patológicos, los que causan más sufrimiento, enfermedad y muerte en el mundo, es la constatación, en todos ellos, de que el ejercicio físico continuado e intenso reduce tanto el riesgo de sufrir un proceso coronario como el de padecer alguno de los cánceres más recurrentes. Y dado que estimula el riego sanguíneo cerebral, también se considera conveniente para quienes muestran indicios de una enfermedad neurodegenerativa.

LOS MÁS CONVENIENTES

¿Dé qué frutas y verduras hablamos? Existe coincidencia en considerar como máximos protectores frente a un cáncer un conjunto de frutos que encabeza el brécol, seguido de zanahoria, col, tomate, arándanos, uvas, piña, pomelo, limón, papaya, alcachofa, escarola y cebolla, entre los principales. En un término medio en cuanto a su poder protector, se sitúan las legumbres y los cereales integrales, con creciente predominio de los que no contienen gluten, como son la quinoa o el maíz. A continuación, se citan pescado a la plancha y carne de ave. Como "poco recomendables" figuran las bebidas alcohólicas, las grasas saturadas que forman embutidos y carnes rojas, la sal, el azúcar refinado e incluso el marisco y la repostería.
Los porcentajes de prevención que se consiguen seleccionando un menú ultrasano oscilan, según diversos estudios consensuados, entre un 20% y un 25%: es decir, uno de cada cuatro cánceres se atribuyen a incorrecciones en la forma de comer, sostenidas en el tiempo. O a la inversa, una dieta siempre saludable podría suprimir esa misma proporción de opciones de sufrir un cáncer. Otro 20% de cánceres está asociado a la contaminación causada por el tráfico de vehículos. 
“Las dietas en las que abundan de forma variada frutas y verduras evitarían un 20% o más de todos los tipos de cáncer”, indica la web de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC), que se adentra incluso en el tipo de tumor que es posible evitar si se incluyen determinados alimentos en los menús cotidianos. "Las frutas y verduras protegen, sobre todo, frente a los tumores malignos de la cavidad oral, esófago, estómago, colon y recto, pánceras y vejiga -indica la AECC-. Los cereales, mejor si son integrales, y las legumbres, aumentan el volumen de las heces, disminuyen el tiempo de tránsito de los alimentos en el intestino grueso y facilitan que cualquier sustancia cancerígena que pudieran contener esté poco tiempo en contacto con las paredes intestinales”.

LA HERENCIA GENÉTICA

El componente genético y hereditario de los tumores más frecuentes -mama, colon, próstata y ovario- explica "entre un 5% y un 10%" de los casos, indica la genetista Balmaña. El resto de factores que determinan a sufrir un tumor maligno son "una amalgama de causas", sintetiza la especialista.

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